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A
fines del siglo XV se producen en Motos y sus alrededores unos hechos
que marcarán la historia del pueblo durante mucho tiempo y
que,
habiendo pasado al acerbo popular en forma de tradición oral
con
diversas versiones, el Lcdo Núñez cuenta
así la
historia: “El
caballero de
Motos unos dicen era natural de Hyta, junto a nra Señora de
Sopetrán; otros dize[n] que vino a vivir allí por
el caso
que se dirá, que fue
desta suerte: que por auer venido desde
Hyta a esta tierra le llamaban el caballero de Hyta porque se
mudó el nombre, pero su nombre propio era Beltrán
de
Oreja; fue en tiempo del rey Dn Enrique el quarto de Castilla”.
Núñez
relata a continuación la caída en desgracia del
caballero: “dízese
de él que era prinzipal hombre y caballero de noble gente y
que
auiendo venido a las cortes que el rey auía convocado, tubo
zierta ocasión con zierto caballero criado del rey y le dio
un
bofetón, por lo qual, o el rey lo desterró o
él se
ausentó por miedo del rey, y se vino a Hyta y desde
allí
escribió al rey de Aragón que, si era su voluntad
reciuirle en su seruizio, le yría a servir con su persona y
hazienda; el rey le respondió que le plazía de
ello con
tal condición que por esto no descontentase al rey de
Castilla;
por lo qual él se tubo por despedido del rey y no
teniéndose por seguro en Hyta se vino a Molina y bien a la
ligera, que sólo dizen que trajo sus armas y cauallo y uno o
dos
criados consigo”.
Durante
su estancia y necesario avecinamiento en Molina, según
ordenaba la ley foral, parece ser que ocupó el cargo de
caballero de sierra, guarda de los montes del
Señorío, lo
cual le habría permitido un perfecto conocimiento del
territorio, “por
lo qual dicen
algunos que después se llamó el cauallero de
Motos, por
auer sido cauallero de sierra en Molina, pero en efecto lo mas zierto
es que era cauallero de su nación y hombre de a caballo y
por
esso le llamaban ‘el caballero’, pues andando en su
exerzizio de cauallero de sierra zerca del lugar de Motos, le
pareció aquella tierra acomodada para sus fines, por estar a
la
raya de ambos reynos de Aragón y de Castilla y poderse pasar
del
uno al otro quando le fuese necesario”.
Efectivamente
Motos, no sólo se encontraba entre dos reinos,
sino que se ubicaba en un importante nudo fronterizo de jurisdicciones
eclesiásticas y civiles: diócesis de
Albarracín,
Sigüenza y Zaragoza; comunidades de Molina,
Albarracín,
Daroca y Teruel. Por otro lado, como se ha dicho, desde Motos se
controlaba el paso del camino de Albarracín a Molina y por
extensión paso potencial de Valencia al norte de Castilla.
“Y así hizo
allí su principal asiento y edificó una torre
fuerte o
castillo, y compelido con la necesidad y con la poca resistencia que en
aquellos tiempos allaban en la justicia - porque en tiempo del rey Dn
Enrique quarto vivía cada uno en la ley que
quería-
siendo como era belicoso y valeroso, hazía mucho
daño a
quien le daba gusto en toda esta tierra, por lo qual para defenderse
los zircunvezinos, así de Castilla como de
Aragón,
hubieron de fabricarse a esta sazón muchas torres y
castillos,
que entonzes, compelidos con la necesidad dicen que en solos 80
días hizieron en Orea aquella casa fuerte sin ventana
ninguna en
que al presente vive el cura, y dentro de Aragón
reedificaron
torres y pusieron en ellas alcaydes y esto como lo hizieron en
Albarracín, en Ródenas, en Celda, en Perasese
(sic) y en
otros pueblos. Y sucediéndole las cosas a este cauallero de
Motos prósperamente, trajo a su muger y hermanos y auiendo
cobrado amistad y deudo con algunos principales, así en esta
tierra como en Aragón, zessó de enojar y agrabiar
a nadie
como lo hazía al prinzipio y así vivió
quieto
algún tiempo hasta que, estando en su castillo de Sn Gines,
cayó malo y se hizo llebar a Motos a donde tenía
su
principal habitación y allí murió a
donde dicen
que acudió mucha gente principal a sus entierros”.
Efectivamente,
las aldeas de Albarracín, Daroca y Molina,
tuvieron que tomar medidas: levas, fortificaciones, etc. para contener
las acciones de bandolerismo de este noble. Claro está que,
dependiendo de las fuentes manejadas, la historia del caballero de
Motos difiere en detalles, y así parece ser que el tal
caballero
no murió en su cama, en Motos, sino en una
prisión del
castillo de Almonacid (Toledo), habiendo estado preso, al menos desde
1477; lo que sí parece claro es que estos hechos se
encuentran
insertos en el proceso de señorialización que
padecen
algunas aldeas
de Molina por parte de algunos
nobles o potentados
ennoblecidos, lo cual explicaría la resistencia del propio
Concejo de Motos a que el pueblo fuera enajenado del realengo.
Zurita
pone de manifiesto la destrucción de la torre de Motos por
orden de Fernando II de Aragón en 1479: “En
el mismo tiempo mandó el rey derribar la torre y castillo de
Motos, en Castilla, en la frontera de la Comunidad de Daroca, por los
robos insultos que dél hacían los malhechores que
se
recogían a aquella fuerza, de donde se hacía
mucho
daño en las fronteras de Aragón y
Castilla”.
Núñez
dice que todavía en su tiempo, a fines del XVI,
había “en
este lugar una torre fuerte que la hizo el caballero de Motos”,
pero en este caso parece que se equivoca porque en un documento del
Archivo General de Simancas fechado en Toledo, el 13 de enero de 1480,
se da merced por parte de los Reyes Católicos a Pedro de
Motos,
hijo del caballero, para aprovechar todo el canto y piedra de la
fortaleza mandada derribar por ellos. Por lo tanto, aunque
todavía se conserva vigente el topónimo de El
Castillo
(incluso en los planos y cédulas catastrales más
actuales), cualquiera que venga en busca los restos de una fortaleza,
en lo alto del cerro sólo encontrará unas
excelentes
vistas, nada más.
Este
Pedro de Motos, o Pedro Malo de Motos, es denominado en ocasiones
señor de Motos, y parece ser que siguió
hostigando a la
población del lugar (así se queja de
él el Concejo
de Motos en 1492 a los Reyes), aunque desde luego su crueldad y
ambición no debieron de ser tan extremadas como las de su
padre.
Lo que sí parece claro es que el poder económico,
basado
en la ganadería y el comercio de la lana se
mantenía en
aquella casa, siendo la segunda más rica de la Tierra de
Molina,
detrás de la de Juan Malo de Tordesilos, con una renta anual
valorada en 28.000 maravedíes, y el privilegio de ser “casa
salvada”, esto es, exenta de tributos reales.
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